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¿Y si con sólo mirarte pudiera sentir con tu corazón?

sábado, 3 de septiembre de 2011

mar de lágrimas.

Latido tras latido, el único ruido a pesar del silencio. El cuerpo flota, sin que la gravedad afecte. Tomando una posición tal como en un vientre materno, el cuerpo trata de conservar calor. La falta de oxígeno logra que el corazón latiera cada vez mas fuerte, gritando por oxígeno, pero no hay. Cada vez mas oscuro, el agua parece ser cada vez mas denso y frío, pero ¿Y el fondo? Ah, ahora las rodillas realizaron el ligero contacto de algo muy suave que se esparce tras el roce. No hay reacción. Como si el tiempo hubiese parado por un instante. Finalmente el cuerpo pierde la lucha contra el equilibrio y las corrientes del mar y comienza a inclinarse el resto hasta acabar tumbado en la arena. La mente se enciende, y las fuerzas mínimas dan para un pequeño abrir de ojos. Tras la incapacidad de ver bajo el agua, únicamente es posible distinguir un azul intenso y un blanco suave. La mente trata de aceptar que vencer este conflicto entre océano y cuerpo es imposible, mientras el corazón hace lo posible con la mayor falta de oxígeno jamás sufrido. Finalmente, el alma toma la última iniciativa posible. Tras el último latido de corazón huye mediante una pequeña burbuja dificilmente conseguida del cuerpo, dándose por vencida. Un cuerpo eternamente perdido, ahogado en un mar de lágrimas.

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